Economista itamita, Chicago Boy, casado con la economista Catherine Mansell se ha distinguido por una brillante carrera dentro de los organismos financieros internacionales, llegando a ser el número 3 del FMI cargo al que renuncio para regresar a México para asumir la titularidad de la secretaría de Hacienda en el gabinete de Felipe Calderón.
Para este peso pesado de las finanzas internacionales no todo es estabilidad macroeconómica, también se da tiempo para relajarse y distraerse sanamente, es conocida su afición por la pelota caliente, el pasado domingo lanzo la primera bola del juego México vs Australia, lamentablemente lo hizo muy mal, la pelota no llego al cátcher, la rechifla no se hizo esperar.
En palabras del siempre inteligente y oportuno Germán Martínez Cazares presidente nacional de acción nacional los abucheos fueron por que el señor secretario “no sabe pichar” y nada tienen que ver que la economía vaya mal, que el desempleo crezca como la espuma, como tampoco creo yo (ja!) nada tiene que ver las denuncias (infundadas me imagino ) de algún diputado que dice que el señor secretario gasta hasta 3 mil pesos diarios en comidas, seguramente tampoco tiene que ver las declaraciones del mismo Carstens en cuanto a la crisis mundial solo es un catarrito para México (no hay que ser catastrofistas).
Quizá lo único que podamos tacharle al señor secretario es su mirada indiscreta de esta semana, pero bueno con Carla Bruni cualquiera puede perder la compostura. Nuestro secretario de hacienda es un solamente un ser humano apabullado por el porte y elegancia de la primera dama francesa, solamente dios y su conciencia saben que pensamientos pasaban por la cabeza de nuestro querido secretario, pero no piensen mal, seguramente admiraba la exquisitez y buen gusto de su atuendo.
Como verán queridos 5 lectores de este blog, el señor secretario es un tipo que aspira a la grandeza (no solamente de espíritu si no también física) y seguramente se hablara mucho de el en los próximos meses, veremos si es capaz de llegar a tercera base si no es que nos lo ponchan en el intento, pero una cosa es segura, del catarrito no pasaremos.



