Cuando lo conocí fue en una situación incomoda, “hola, soy hermano de la niña de las pijamas, ¿si te dijo que estaré aquí unos meses?” –“no, no me comento nada pero bienvenido” me dijo con los ojos rojos, el humo corría por todo el depa, creí que mi repentina intromisión le causaría un mal viaje. Con el tiempo me acostumbre a el, todas las mañanas platicábamos un rato, a los dos nos gustaba Blur y Stanley Kubrick, su pasión era el patinaje y a mi eso me daba una soberana hueva, no fuimos grandes amigos ni confidentes, pero se volvió alguien familiar, una persona dentro de mi rutina e imagino que yo también en la suya, pues nos veíamos a diario. Al salir de mi cuarto lo primero que veía era una calcomanía en su puerta la cara azul de un perro con el contorno del ojo y las orejas más azules, un cigarro en la boca y una actitud de malo, de fondo una estrella negra, sin tener mucho que ver con su personalidad asocie ese pegote a él.
Unos días antes de irme al otro lado del charco, deje unas cervezas en el refrigerador con una nota “quién quiera tomarlas, adelante” a mi regreso encontré otra nota que decía “te debo dos cervezas, gracias hermano” ya no habrá tiempo para tomar las dos cervezas, hace un rato la niña de las pijamas recibió una llamada y no había colgado cuando me dijo “se murió Tony… un accidente” la tristeza me invadió irremediablemente, aun no sabemos como pasaron las cosas, una funesta noticia para un domingo de flojera, si enterarse de una muerte es triste, más es enterarse de la muerte de un chavo alegre quién siempre tenia una sonrisa para todos. Donde quiera que este, espero este patinando y oyendo a Blur. Descansa en Paz.


